28 de Agosto del 2012 | Editorial Metroscubicos
En sus orígenes, hace aproximadamente 6,000 años, el Feng Shui era para uso exclusivo de emperadores, con la pura finalidad de evitar la carestía para el pueblo y las guerras. Con el paso del tiempo, esta corriente se adaptó a los hogares y fue hasta hace unos 50 años que llegó a Occidente.
Para los chinos, el Feng Shui se divide en dos partes: el ying-zhai, que representa la vivienda oscura, de los muertos o antepasados; y el yan-zhai, el habitáculo luminoso o para los vivos.
Así, podemos ver que el ying y el yang tratan sobre la complementariedad de los opuestos básicos de la vida: bien y mal, activo y pasivo, positivo y negativo, luz y oscuridad, masculino y femenino. Pero, aunque las mitades se encuentran en tensión, no se oponen decididamente, sino que se equilibran entre sí. Cada una invade el hemisferio de la otra y al final ambas se disuelven en el círculo que las rodea en su integridad eterna.
Y bien, aplicando esta corriente en otros ámbitos de la vida, una decoración Feng Shui que disuelve el ying y el yang resulta reconfortante, hasta con cierta dosis de satisfacción espiritual.
Cuando una casa resulta demasiado iluminada, ya sea por la luz natural, velas o lámparas, se interpreta cargada hacia el yin, para contrastar un poco esto, en las paredes o ciertos accesorios decorativos pueden integrarse colores fríos: grises, platas, azules, situación que lleva a no abusar de los cálidos, como el blanco, amarillo o anaranjado.
La combinación de tonalidades cálidas y frías produce el balance de luz y oscuridad. Por otro lado, un ambiente demasiado yan, es aquel que carece de luz, encender velas, o colocar más lámparas en los espacios sombríos, introduce el elemento fuego.
Mantener airada la casa es también un elemento base de esta concepción; sin embargo, con entradas de aire excesivas, se pierde la fase yan, otra vez intentémoslo de forma regulada. Y no olvidemos el agua, que en la filosofía china es lo opuesto al fuego; instalar peceras, floreros, copas o cualquier otro accesorio que la contenga, mitiga el cansancio, sobre todo si la coloreamos con azul, por ejemplo.
En cuanto a los cuadros, el Feng Shui evita los de animales salvajes o los de características abstractas como el cubismo o surrealismo, en cambio recomienda paisajes relajados -no muy cargados al yan (cascadas de fuertes caídas o lugares desolados)-, como ríos, lagos, amaneceres, atardeceres, etcétera. Del mismo modo, se debe evitar la colocación de espejos en reflejos de luz, frente a las escaleras o cerca de la puerta de entrada.
No debes excederte en la introducción de plantas, pero sí colocarlas en lugares estratégicos como rincones o zonas que se muestren vacías. También se recomienda incluir cuarzos, amatistas, etcétera, pues los minerales hacen las veces de la madre tierra dentro de casa (cualquier tipo de roca o mineral debe poseer puntas redondeadas). Evita entonces saturar los espacios, el aseo y la pureza de ambientes son otras particularidades del Feng Shui.
Estos son sólo algunos ejemplos de equilibrio entre el ying y el yang. Los taoístas sostienen que quien medita acerca de este símbolo profundo encontrará que puede acceder mejor a los secretos del mundo que cualquier cantidad de palabras y discusiones.
Fiel a su sentido, el taoísmo evita toda dicotomía pronunciada. El Feng Shui viene a instalarse como una opción de vivienda en equidad de colores, formas, elementos naturales, etcétera. Confiamos en que a partir de tu propia creatividad logres expresar esa complementariedad de los opuestos.